Desde el nacimiento hasta los tres años, el cerebro de los niños experimenta un crecimiento acelerado, creando millones de conexiones sinápticas. Esta etapa, conocida como "ventana de oportunidades", es clave para el desarrollo de habilidades fundamentales que influirán en su capacidad para aprender, socializar y adaptarse a diferentes situaciones en su vida futura. La estimulación temprana se basa en la premisa de que las experiencias tempranas influyen en la formación de estas conexiones neuronales y, por lo tanto, tienen un impacto duradero en el bienestar general del niño.